¿CADA VEZ SOMOS MÁS ESTÚPIDOS?, LAMENTÁNDOLO MUCHO LA RESPUETA ES SÍ.

Día tras día, se van acumulando estudios científicos sobre la lenta (pero constante) degradación de la capacidad de aprendizaje.

Un tema muy candente por la época del año en la que estamos, la inevitable llegada del mes de septiembre y con él el comienzo de un nuevo curso escolar.

El profesorado asiste curso tras curso al aumento del número de niños que necesitan ayuda intelectual de forma significativa y por el contrario observan que el número de niños superdotados disminuye.

¿Qué está pasando?, ¿nos encontramos frente a una involución de los cerebros?

Recientemente en la televisión pública, en el programa Documentos TV, proyectaron un documental titulado “Cerebros en peligro”, de Sylvie Gilman y Thierry De Lestrade, donde  responden a la cuestión ¿Qué peligro se cierne sobre los cerebros de los bebés?

Para responder a esta pregunta entrevistan a una serie de científicos, antropólogos, neuropsicólogas etc, y tener una visión global y muy completa sobre el problema que nos ocupa.

Edward Dutton (antropólogo), centrado en la evolución de la inteligencia ha encontrado datos muy curiosos observando la base de datos de los resultados de los test del Cociente Intelectual del ejército escandinavo. Sus estudios muestran que el CI aumentó hasta mediados de los años 90, y a partir de entonces empezó a disminuir, y este descenso no ha parado. De hecho, en los últimos 20 años el CI ha descendido 2 puntos por década. Sus conclusiones fueron muy claras, estamos asistiendo a una inversión de la curva de la inteligencia. Este estudio se respalda con estudios realizados en colegios de Francia y Estonia, que obtuvieron unos resultados muy similares a los del Ejército finlandés.

Pero, ¿el descenso del CI es la única amenaza existente sobre los cerebros?  A esta pregunta Barbara Demenix, del Centro Nacional para la investigación científica de París (bióloga especialista en endocrinología), tiene la respuesta muy clara, y es NO. No, porque cada vez hay más niños con déficit de atención, hiperactividad o autismo. Esta afirmación, viene respaldada con datos provenientes de California. Éstos  revelan que entre 1990 y 2001 el número de niños diagnosticados de autismo aumentó un 600%, cifras verdaderamente alarmantes. A lo que Demenix se preguntó, si la tiroides podía tener algo que ver, ya que este retraso mental podría estar relacionado con el mal funcionamiento de la tiroides.

Para responder a esta pregunta, nos remitimos al Doctor Peter Pharoah, que realizó una investigación en Papúa Nueva Guiena, sorprendido por la cantidad de niños que tenían cretinismo (Enfermedad que se caracteriza por un déficit permanente en el desarrollo físico y psíquico y va acompañada de deformidades del cuerpo y retraso de la inteligencia; es debida a la falta o la destrucción de la glándula tiroides durante la etapa fetal). Pharoah sospechó que el problema podría ser causado por una disfunción tiroidea debido a una carencia de yodo. El estudio reveló que el yodo era necesario para prevenir el cretinismo. Sin el yodo, no se generan hormonas tiroideas y sin ellas el cerebro no se desarrolla correctamente. Revelada la gran importancia del yodo, la Organización Mundial de la Salud ha detectado carencia en 50 países. En Europa el 44% de la población presenta carencia de yodo; ¿esto podría explicar el descenso del CI?

El doctor Franceso Vermiglio, comprobó a través de un test de inteligencia que pasó a 719 alumnos, que el 14% presentaba retraso mental leve. También observo que niños de entre 18 y 36 meses tenían problemas de hiperactividad, confirmando el diagnóstico de TDAH en más de un 70% en los hijos de madres con carencia de yodo. Además se observó que existía una diferencia de varios puntos en el CI entre los hijos de las madres con mayores carencias de yodo. A la conclusión que se puede llegar es que el nivel de yodo en las madres repercute directamente en el CI  de los hijos. Pero cabe preguntarse, ¿esta carencia de yodo es la única responsable de los trastornos del desarrollo cerebral?, la respuesta es clara, NO.

Vivimos rodeados de grandes cantidades de sustancias químicas, como el bromo, cloro, flúor…las moléculas químicas fabricadas a partir de estos elementos químicos poseen casi la misma estructura que el yodo, y las hipótesis más recientes creen que nuestro organismo confunde las hormonas tiroideas de modo que pueden ocupar su lugar y perturbar el funcionamiento hormonal.

¿Dónde se encuentran estas moléculas químicas para influir en nuestro organismo?

Uno de los mayores sospechosos son lo policlorobiferidos (PCB), aunque actualmente están prohibidos, son tan persistentes que aún se encuentran en partículas de polvo reducidas en sedimentos, que se introducen en la cadena alimenticia a través de algunos pescados o mariscos, ciertas carnes y algunos productos lácteos. Experimentos como los del Doctor Tom Zoeller, demostraron que los PCB pueden interactuar con el receptor de la hormona tiroidea y cambiar el desarrollo del cerebro.

Estos hallazgos implican que toda la población está expuesta a un producto químico, que probablemente altera el desarrollo del cerebro de forma sutil, provocando cambios en el comportamiento de los niños. Estudios, han demostrado que existe una relación entre los niveles de PCB de las madres y el descenso de varios puntos del CI de sus hijos.fotonoticia_20120828103918-12081043019_645

Aunque otras sustancias químicas se han hecho un lugar en nuestros hogares, como los retardantes de la llama, derivados del cloro o bromo presentes en electrodomésticos, cojines, colchones…Arlene Blum, del instituto Green Science Institute, en sus investigaciones ha demostrado que hay una relación entre los niveles de retardantes de la llama presentes en la sangre de las madres y el desarrollo neurológico y la disminución del CI del niño.

Otros sospechosos proceden de la combinación de flúor, bromo o cloro, los pesticidas. La neuropsicóloga Brenda Eskenazi, inició un estudio en el 2000, el estudio se llamó “Chamacos”, en el que estudió los efectos de los pesticidas en los cerebros de niños no natos. En este estudio midió residuos de pesticidas organofosforados presentes en la orina de 600 madres, en su mayoría procedentes de familias de trabajadores agrícolas. En los resultados se observó una relación entre los niveles de dichos residuos y el desarrollo cerebral de los niños. Se realizaron exámenes a los niños desde su nacimiento regularmente y los resultados son:

  • Reflejos anormales en recién nacidos.
  • Retraso intelectual en niños de 2 años.
  • Descenso del CI en niños de 7 años.
  • Aumento del TDAH.
  • Incremento de síntomas de autismo.

Tras los resultados de este estudio se podría pensar que en las zonas urbanas este problema no debería existir porque esta exposición no existe, pero nos equivocaríamos. La exposición a los organofosforados se habitual, por ejemplo encontramos pesticidas en los aerosoles para eliminar cucarachas. Y aunque las poblaciones son diferentes, y con marcadores de exposición distintos, la relación entre la exposición prenatal y el descenso del CI eran muy similares, entre las poblaciones agrícolas y las urbanas.

Aunque para la Doctora Irva Hertz-Picciotto esto sólo explicaría un tercio de ese incremento, los otros dos tercios siguen sin tener explicación.

La última pregunta que se nos plantea es ¿la exposición en el vientre materno puede modificar la anatomía cerebral?

Para responder a esta pregunta, se desarrolló un estudio en el que realizaron resonancias magnéticas a 40 niños de 12 años, que estando en el útero materno habían sido expuestos a Clorpirofós, presente en los pesticidas. Se observó que regiones del cerebro de niños con mayor exposición difieren de las de menor exposición. Los cambios estructurales que se observaron corresponden a regiones encargadas de la atención y al control sobre sí mismos.

En la actualidad, aun no se sabe cuántas moléculas alteran el cerebro, hay muchas muy pocos test para su detección y poder responder a la cuestión. Demenix y su equipo están elaborando un test con el objetivo de identificar las moléculas que perturban la glándula tiroides.

Una de las soluciones propuestas para este problema es, asegurarse de que las mujeres embarazadas tengan yodo suficiente  para saturar la glándula tiroidea, y de este modo se convierta en una barrera contra determinados ataques químicos. Según Demenix, ésta sería un comienzo para limitar los efectos de los perturbadores endocrinos.

Aquí os dejamos el enlace del programa:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-cerebros-peligro/4382638/

 

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